Pero debemos entender algo: Dios no
se equivoca al entregar sus bendiciones. Si Él preparó algo para ti, también te preparó a ti para recibirlo, valorarlo y ser usado dentro de ese propósito. Sus decisiones no nacen de favoritismos injustos, sino de una sabiduría perfecta que conoce el corazón, la capacidad y el destino de cada persona.
A veces, por intentar ser “más buenos” que Dios, terminamos conformándonos con algo menor, menos visible o más cómodo para los demás, pero que no corresponde a la voluntad de Dios para nuestra vida. Y detrás de eso realmente hay una falta de confianza en Su bondad y en Sus decisiones.
También debemos comprender que no toda bendición encaja con todas las personas. Lo que fue diseñado para ti podría quedar demasiado grande o demasiado pequeño para alguien más. Por eso, aunque otros deseen lo mismo, eso no significa que les corresponda. Cada persona debe confiar en que Dios también tiene algo preparado específicamente para ella.
Incluso en la Biblia vemos cómo, para que los planes eternos de Dios se cumplieran, hubo corazones quebrantados en el proceso. El caso de Abraham, Sara, Agar e Ismael muestra que Dios permitió dolor humano antes que alterar el propósito que había determinado desde el principio.
Por eso, no tengas miedo de obedecer a Dios solo porque otros puedan sentirse heridos o decepcionados. El objetivo principal no es agradar a todos, sino permitir que la voluntad de Dios se cumpla completamente en nuestra vida.
Es mejor que nuestro corazón se rompa aprendiendo a rendirse a la voluntad de Dios, que vivir aferrados a algo que nunca fue Su diseño para nosotros. Confía. Lo que Dios preparó para ti tendrá sentido contigo, y lo que preparó para otros encontrará su camino hacia ellos también.

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.